Diarios de Singapur

Illustation of a calendar page with a lavender twig by Monica Galan.Sábado, 29 de Diciembre de 2018

Con la casa cerrada y 10 kilos de maleta cada uno, partimos con los nervios y la incertidumbre de antes de un viaje sin billete de vuelta, ya hemos estado por sureste asiático con anterioridad, y recordamos que, en ocasiones, estas lejanas tierras son tan diferentes que pueden parecer otro planeta. Nos sentimos libres, nómadas, con nuestras maletas bien preparadas, los ordenadores portátiles listos y todos nuestros asuntos en orden.

Transportes que hemos cogido para llegar a Singapur:
Autobús urbano - AVE - cercanías - Avión - Taxi - Taxi - Avión - Grab (coche privado tipo Uber).

Cosas que hemos comido en el trayecto:
Frutos secos, piña deshidratada, un pincho de tortilla (¡snif! Voy a echar de menos los pinchos de tortilla), más frutos secos, “wrap” de atún en el avión y desayuno en el hotel del aeropuerto en el que hemos descansado 6 horas (tortitas con miel en mi caso).

Monicadas:
0, vamos bien.

Y con casi dos días de viaje a nuestras espaldas llegamos agotados y felices a nuestro hotel definitivo en Singapur, en el que pasaremos una semana. El hotel se llama MSocial y se encuentra en una animada zona cerca del río, con muchos bares y restaurantes elegantes, hoteles y bonitos edificios de apartamentos. Es moderno, limpio y con muchos servicios: piscina, gimnasio, bar, máquinas lavadoras y secadoras y tenemos el desayuno incluído. Además hay un robot llamado Aura que te trae aquello que pidas al servicio de habitaciones.

¿Qué hacen doce horas de avión a tu cuerpo? (Esto lo he consultado en Internet, en una revista de salud) Deshidratación, dolor de cabeza y fatiga debido a la baja presión atmosférica, gases y estreñimiento, trombosis venosa, 100 veces más de riesgo de catarro debido a la falta de humedad, exposición a la radiación cósmica (la misma que en una radiografía) y jet lag. Y lo peor... el aburrimiento y la incomodidad. Hemos viajado en una low cost y los asientos son estrechos, sin pantalla (¡suerte que llevábamos entretenimiento!)

Pero, ¿merece la pena? ¡Totalmente!

Illustation of a calendar page with a lavender twig by Monica Galan.Lunes, 31 de Diciembre de 2018

Después de dormir un par de horas acompañados por el cálido golpeteo de la lluvia tropical en los árboles de la calle adyacente, salimos a explorar la principal calle comercial, Orchard Road.

Singapur es una ciudad moderna, increíblemente limpia y con exuberante vegetación en todas partes, ¿la ciudad del futuro?

Se suceden diferentes centros comerciales, cada uno más lujoso que el anterior y todos con sus “Food Court”. 

Todavía nos nos atrevemos a hacer muchos experimentos con las comidas, los aromas son fuertes, una mezcla de comida china, india y japonesa. Cenamos en un restaurante vegetariano chino, donde una señora nos sirve comida como si de nuestra abuela internacional se tratara, llenándonos los platos continuamente y rebañando bien las fuentes de comida. Nos rellenan las tazas continuamente para refrescar nuestro té verde japonés, que es suave y reconfortante.

Hoy he comido: un zumo recién exprimido de piña y manzana roja en un centro comercial, fideos “vermiccelli” de arroz con setas y jengibre, finos tallarines amarillos con salsa de tomate y judía verde salteada en juliana, “makis” en tempura rellenos de una pasta blanca poco agradable. Mucho té verde. Y vale, una cervecita.

Es Nochevieja y queremos ver los famosos fuegos artificiales. Nos dirigimos a la zona del puerto en metro, hay grupos de gente joven, cada grupo con su etnia, no parecen mezclarse mucho, aunque dirigen furtivas miradas a las chicas, sea cual sea el color de su piel. 

El metro nos deja dentro de un centro comercial, es muy difícil salir, la gente desespera por encontrar unas escaleras mecánicas que le permita salir a la calle, está todo atestado de gente. Cuando por fin lo conseguimos, nos encontramos con una feria, con su saltamontes, gusano loco (que aquí es un tiburón) y sus autos de choque. Paseamos a lo largo de la zona de la bahía, hay mucha gente, algunos grupos han puesto mantas en el suelo, comen, beben y festejan tranquilos, esperando que empiece el espectáculo de fuegos artificiales. Hay conciertos y una gala de Nochevieja con un regusto un poco ochentero, parece Noche de Fiesta. 

Desde las once se van sucediendo los fuegos artificiales, y los ¡Ohhhhh! ¡Ahhhh! ¡Wooooo! Vemos fuegos estallar que nos hemos visto nunca antes, hay mucha gente, feliz de despedir el año en un sitio tan emblemático pero sufriendo de las piernas al pasar tanto rato de pie. Pocos beben cervezas, ¿estará prohibido beber alcohol en la calle? 

Cambiamos de año con una cuenta atrás, y miles de móviles grabando vídeos del momento, parece que nadie se acuerda de darse un beso hasta no haber pulsado el cuadrado de pausar vídeo. Los más increíbles fuegos dorados estallan llenando el cielo de purpurina y humo blanco. La marabunta se dispersa con dificultad y tardamos casi una hora en encontrar una calle que nos permita salir de la zona. Afortunadamente encontramos un mercado semi cubierto, con una cubierta estilo modernista, donde nos sirven unas pintas de Tiger medio frías, que nos refrescan y reviven. Vídeo-llamamos a todos nuestros amigos, sólo Anthony responde y nos reímos juntos, contando anécdotas, unos desde Cerdeña en el 2018 y otros en Singapur ya en 2019.

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Martes 1 de Enero de 2019

Después de descansar unas horas en nuestra habitación, bajamos a desayunar al bonito bar del hotel. Entre la selección internacional de comida, escogemos fruta, tostadas, frutos secos, e incluso nos atrevemos con una tortilla francesa que nos hace un robot.

Después hacemos ejercicio en el gimnasio del hotel, queremos empezar el año con fuerza y darle caña a todos esos propósitos de año nuevo. Nos relajamos un poco en la piscina, rodeados de altísimos edificios de apartamentos y cubiertos por un cielo limpio y azul.

Después de una buena ducha, me pongo un vestido corto negro, ideal para combatir el calor húmedo de la ciudad con un mínimo de elegancia. No me atrevo a maquillarme porque creo que se me derretiría hasta el rimmel, y porque llevo la piel de la cara muy irritada desde hace unos días. Un poco de crema de sol, me rizo las pestañas, y lista.

Paseamos por Tiong Bahru, el conocido como el barrio hipster de la ciudad, se trata de un barrio con casas bajas de estilo modernista con cafeterías, tiendas y librerías en los bajos. Hay un mercado de comida callejera con puestos que ostentan estrellas Michelín. 

Después nos acercamos a Little China en Grab. No decepciona, hay espectáculos de dragones, miles de tiendas con los productos de siempre (same old same old), puestos con comida, y cantidad de gente. Visitamos un templo budista chino, donde las señoras dejan ofrendas a los dioses (ofrendas que se pueden adquirir allí mismo, envueltas ya para regalo). Los votos de pobreza se parecen en todas las religiones.

Paseamos por la zona, se suceden templos de diferente orientación. Volvemos al hotel a descansar, el jet lag y el calor húmedo de la cuidad nos empiezan a pesar. 

Algo más recuperados después de una siesta, salimos a cenar a un bufé japonés situado en un hotel cercano. La comida es suculenta y fresca, el local se encuentra atestado y los camareros se mueven rápidos entre las mesas para rellenarte el té y traerte más y más comida, alguna de la que vas pidiendo y otra regalo de la casa. 

Paseamos por la ribera del río cercano al hotel, pese a la humedad y el goteo constante de los últimos retazo de la lluvia de la tarde, no hay mosquitos ni bichos, y nos preguntamos si fumigarán habitualmente para evitar esa molestia. El paseo está muy cuidado, con luces de colores bordeando el río y decorando la parte inferior de los puentecillos que lo cruzan. Llegamos a Clark Quay, una zona de casas bajas renovadas y modernizadas, dedicada a la restauración en su totalidad, unas enormes cubiertas en forma de cabeza de seta permiten a los transeúntes pasear sin mojarse. De nuevo, los olores de mezclan, asustando a nuestras narices, todavía poco acostumbradas. 

De vuelta al hotel entramos en un supermercado 24 horas para hacer algunas compras y damos por zanjado el día, tirados en la cama, con el aire acondicionado a tope, adelantando un poco de trabajo Edu, y viendo una serie en Netflix yo.

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Miércoles, 2 de Enero

Esta mañana se han invertido los papeles: Edu se ha levantado lleno de energía mientras que yo sólo quería tomarme un café mirando al infinito e intentando que mi cerebro funcionara.

Como hemos decidido ir a hacer algunas compras, me he vestido con un look “urbano”, una camiseta negra con unos pantalones grises largos de verano de cinturilla alta, y las versátiles sandalias negras.

Nos hemos dirigido de nuevo a Orchard Road. Sin duda, Singapur es una ciudad pensada para las compras, con centros comerciales que se suceden uno detrás de otro, cada uno enfocado a clientes con diferentes posibilidades, desde los centros comerciales de lujo a los orientados a la clase media. Todos los edificios conectados para que no tengas que sufrir de calor o humedad ni un minuto. Hemos tenido mucha suerte y hemos pillado el inicio de las rebajas de Enero. Eduardo se ha comprado dos camisetas fresquitas de verano, pensando ya en Bali, nuestro siguiente destino, y yo, pese a la idea que llevaba de comprar lo menos posible durante el viaje, no me he podido resistir a comprar varias prendas de ropa, todas ellas fondo de armario y de estilo que podría definir como coreano – casual (que me perdonen los creadores de tendencias). Además, las prendas resultaban más baratas dependiendo de si comprabas una, dos o tres artículos, así que tengo algo de perdón, ya que he comprado tres y me han hecho un descuento interesante. 

Hemos decidido comer en el food court del centro comercial. La verdad es que entre el calor, el cambio de hora y la sed constante que tengo, me ha apetecido comer fruta,  he comprado un vaso lleno de sandía, manzana, fruta dragón y además, he comprado una banana, que estaba deliciosa. Eduardo se ha atrevido con un plato de finas lonchas de ternera acompañadas por arroz que se iban cocinando en una chisporroteante olla de hierro fundido, todo ello salpicado de cebolleta verde y acompañado por una sopa de aroma delicioso.

Después de comer nos hemos acercamos a un famoso edificio lleno de puestos de productos baratos, de esos que encuentras en cualquier ciudad grande asiática, same old same old.

Necesitábamos varios artículos de aseo, como champú y crema para el sol, y nos ha sorprendido lo caros que son aquí en Singapur.

Después de esta agotadora mañana de compras, necesitamos un poco de descanso y nos hemos dirigido al hotel. 

Hemos combinado descanso y colada, ya que en la última planta de nuestro hotel, junto a la piscina y el gimnasio, hay varias máquinas para lavar y secar la ropa. Nos ha costado 16 dólares de Singapur entre lavar y secar, unos 10€, nada barato, pero muy cómodo.

Teníamos planes interesantes por la tarde, así que he estrenado algo de ropa de la que compré ayer: un mono negro sin mangas, entallado en la parte de arriba y suelto desde las caderas.

Por la tarde nos hemos acercado a la zona de la bahía, en Gardens by the Bay hay un espectáculo de música y luces todas las tardes. El espectáculo tiene lugar en unos árboles artificiales gigantes, de estructura metálica de color violeta y cubiertos de hojas y plantas de diferentes tonalidades de verde y morado. Durante el mes de enero está dedicado a la ópera. Después hemos subido a una pasarela que discurren entre estos enormes árboles. 

Al bajar nos hemos dirigido a un centro comercial cercano. Allí, en el Food Court, he pedido una bandeja llena de deliciosa comida india vegetariana: arroz acompañado por cuatro platos diferentes de verduras y un pan plano recién hecho. 

Al terminar, nos hemos acercado paseando hasta la zona donde discurre la Fórmula 1, y debajo de la noria, hemos comido dos helados artesanos para despedir el día.

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Jueves, 3 de Enero

Cada mañana parece que me cuesta más despertarme. Hoy el día ha sido intenso, después de desayunar y arreglarnos hemos pedido un coche para ir a Little India (hoy he repetido con los pantalones grises y camiseta negra, aunque ojalá hubiera escogido algo más fresquito).

El tiempo estaba algo revuelto y llovía de vez en cuando, lo que ha incrementado el calor y la humedad. 

Singapur no es una ciudad para maquillaje, la piel se encuentra húmeda la mayor parte del tiempo, el pelo se “encaracola” y se pega a la frente y la nuca. 

Hemos entrado en este barrio por una calle de coloridas casas bajas con puestos de alimentación, artesanía y especias. Después nos hemos dirigido a Tekka Centre, un mercado de alimentación en la planta baja y sastres, ferreterías y puestos de antigüedades en la planta de arriba. Los olores eran fuertes y en ocasiones, muy desagradables, debido, sobre todo, a la falta de refrigeración en la zona de carnes.

Después de pasear por este barrio y ver algunas de las casas con más coloreadas de Singapur, hemos ido a Sim Lim, un macro mercado con varias plantas enfocado a los productos tecnológicos, a precios no tan razonables como indican todas las guías de viaje, con cables y baratijas de todo tipo. El edificio “de la tecnología” tenía letrinas en vez de baños, por cierto.

Después de refrescarnos un rato en el interior, hemos visitado el templo budista de Kwan Im Thong, atestado de gente con ofrendas, personas rezando mientras sacudían palos de incienso y turistas intentando absorber el momento, como nosotros. 

Siguiendo nuestra ruta nos hemos encontrado con un auténtico tesoro: el edificio Park View. Se trata de un descomunal edificio de tipo Art Decó, con un impresionante bar en la parte de abajo decorado hasta el más mínimo detalle, todo en tonos negros y dorados. Estoy deseando ponerme algo bonito e ir a tomar algo fresco y delicioso, tienen fama sus cócteles.

Aquí hemos visto una exposición que sonaba bien en teoría: Intriguing Uncertainties, cuadros inspirados por el subconsciente, pero no me ha resultado muy interesante, excepto por un puñado de ellos. El arte moderno me desconcierta.   

Hemos comido lasaña yo y pasta con salsa de tomate seco Edu, en un restaurante vegano que Edu había seleccionado hace semanas. La comida ha sido suculenta, con sabores más conocidos para nosotros que los de los últimos días. Nos ha sorprendido que, al pedir agua, nos la han traído suficientemente caliente como para hacer un té, y hemos tenido que pedir que nos la cambiaran por fría. 

Al salir nos hemos dirigido a Brunches, una cafetería con muchos elementos vintage y juguetes, e incluso un mini escarabajo preparado como mesa para tomar algo. Hemos tomado un capuchino y un Iced Soya Latte. 

A la salida hemos pedido un coche y hemos vuelto a la zona de la bahía, hemos visitado Cloud Forest y Flower Dome, dos increíbles paseos cubiertos entre plantas traídas de todo el mundo, cristales de cuevas e incluso una catarata. Hemos visto flores espectaculares y plantas que parecían de otro planeta, incluso tenían una parte decorada con plantas imaginadas creadas con piezas de “Lego”.

Para terminar las visitas por hoy, hemos ido al Red Dot Museum, dedicado a al diseño y la innovación. Se trata de una pequeña exposición con inventos vanguardistas que están enfocados a mejorarnos la vida. ¿Cuántos de estos inventos verán la luz como productos terminados? He hablado en mi chino chapurreado con un robot de enormes ojos electrónicos.

Hemos vuelto al hotel y nos hemos relajado en la piscina. Y después de haber estado un rato en la cama vagueando y viendo series (Tidelands), estamos debatiendo si bajar a dar una vuelta por el barrio o quedarnos a descansar, creo que va a triunfar lo segundo.

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Viernes, 4 de Enero

Hoy ha sido un día tranquilo, de trabajo.

Nos hemos levantado tarde, yo he corrido media hora en la cinta. Hemos ido a una cafetería a trabajar unas horas. He comido un bocadillo de salmón ahumado, aguacate y huevo a la plancha, acompañado por un refresco honey – lemon, dulce y refrescante.

Edu ha comido unos spaghetti con salsa de tomate seco y un “cafetazo”, como dice él.

Después hemos decidido premiarnos con un after-work. Hemos dejado las cosas en la habitación y hemos bajado a tomar algo, primero al bar del hotel, donde teníamos dos bebidas gratis, y después en dos bares de la zona. Hemos vídeo-llamado a nuestros amigos, una semana fuera y ya les echamos de menos. 

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Sábado, 5 de Enero

Hoy nos hemos levantado tan tarde que ya no había opción de bajar a desayunar en el hotel. Honestamente, necesitaba una noche de muchas horas de sueño y descanso.

Nos hemos arreglado, yo he elegido el pantalón kaki de cinturilla alta que compré el otro día y una camiseta gris de algodón de Zara. 

Hemos cogido un coche hasta un centro comercial, donde hemos comido. Yo he tomado un plato de arroz con verduras y trocitos de oliva y Edu un kebab de pollo. Después de pasear por el centro comercial un rato para hacer tiempo, nos hemos acercado al cine, hemos visto “Instant Family”, una comedia sobre una pareja que adopta tres niños, uno de ellos una adolescente. Ha sido tierna y divertida y un poco triste en ocasiones. 

Al salir del cine hemos ido en metro a otro centro comercial, en busca de una librería con muy buena fama, pero la mayoría de los libros estaban en chino y cerrados en plástico. Aún así he encontrado un libro de dibujo con lápices de colores muy interesante para añadir a mi colección. 

Desde allí nos hemos dirigido en metro a Mr Stork, una coctelería en lo alto de un rascacielos, donde hemos tomado unos cócteles deliciosos, unas patatas y un aperitivo crujiente que picaba muchísimo. Estaba decorado con tipis, hemos estado en uno, disfrutando de la leve brisa nocturna y del “skyline” de Singapur. 

A la salida hemos paseado hasta un restaurante italiano, donde hemos compartido una pizza.

En Singapur puedes encontrar comida a todos los precios. Si vas a un mercado con puestos de comida suele ser mas económica, puedes comprar un plato desde unos 5 dólares de Singapur, pero si vas a un restaurante o bar, ningún plato va a bajar de los 15 dólares, con una media de 16 - 24. Las bebidas alcohólicas, el café y té y los refrescos, tienen precios muy elevados. 

Hemos terminado la noche leyendo un ratito en el hotel antes de echarnos a dormir.

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Domingo, 6 de Enero ¡Día de Reyes!

Hoy he corrido unos 40 minutos en el gimnasio del hotel, voy subiendo mis tiempos poco a poco y me voy sintiendo mejor cuando corro.

Después de desayunar y arreglarnos hemos ido a Orchard Road, hoy he elegido un pantalón gris fresquito y una camiseta negra sin tirantes nueva, de las prendas que compré los primeros días.

Hemos comido dentro de uno de los centros comerciales, en un restaurante vegetariano con una selección genial de platos, luminosos ventanales, estanterías con libros e incluso una pequeña tienda con productos saludables.

Después de pasear por en centro comercial hemos ido a la zona de Marina Bay con idea de ir a casino, para curiosear y ver el ambiente, pero no llevábamos el pasaporte y no hemos podido acceder. 

Hemos paseado por la zona del Marina Bay, Edu ha aprovechado para video llamar a su familia y enseñarles los rascacielos y el puerto. 

Hemos paseado hasta el hotel siguiendo el río. Hacía calor, pero queríamos empaparnos de Singapur por última vez. 

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Lunes, 7 de Enero

Este ha sido un día de viaje. Después de desayunar y arreglarnos, hemos dado un paseo por la zona de alrededor del hotel para despedirnos de Singapur. Hemos seguido el río y cruzado sus pequeños puentes, hasta que el calor nos ha obligado a regresar para recoger nuestro equipaje y salir hacia el aeropuerto.

El aeropuerto de Singapur está considerado como uno de los mejores del mundo, y aunque nuestro vuelo salía desde la terminal 4, algo más pequeña, puedo dar confirmar este dato.

El aeropuerto es amplio y limpio, con cómodos sillones, sillas o sofás, con fácil acceso a enchufes y wifi gratuito. Tiene una gran selección de tiendas y diferentes lugares en los que comer o tomar algo, al estilo de un food court, de un restaurante o incluso pequeños cafés. 

Una de las paredes internas imita una de las antiguas calles de Singapur, con sus restaurantes en los bajos y sus fachadas con celosías de colores.

He comido un bocadillo de atún y Edu arroz con pollo rebozado tipo japonés. 

El vuelo a Bali, de dos horas y media de duración, ha transcurrido sin incidentes, simplemente con alguna turbulencia al despegar y aterrizar. 

He aprovechado para comer palitos de chocolate y leer “The Woman in the Window”.

Nada más tocar tierra los cristales del avión se han empañado, avanzando el calor que nos iba a golpear al bajar de avión. Después de pasar los controles de seguridad, comprar una visa ampliable y recoger nuestras maletas, hemos salido de la terminal, a la salida hay mucha gente ofreciéndote (acosándote para) llevarte en coche a tu hotel, nosotros, por suerte, teníamos contratado un servicio de chofer con tarjetas de teléfono incluidas. Nos ha recibido un muchacho muy amable, un compañero suyo nos ha activado las tarjetas de teléfono, y después nos ha acercado al hotel (17 km que se hacen en unos 50 minutos debido al tráfico).

El hotel está en la zona de Canggu, muy cerca de la playa. El hotel es de estilo tropical y más o menos elegante, pero llama la atención que en los bajos tiene un “sports bar” estilo británico. La habitación es amplia, con una enorme cama, un pequeño balcón recubierto de plantas y una enorme ducha en el baño.

La calle en la que se encuentra el hotel está llena de bulliciosos bares de estilo abierto de copeteo y baile. Hemos decidido cenar algo en el bar del hotel. Yo he comido un plato de quinoa con garbanzos, cherrys, lechugas variadas y un aliño dulzón y Edu, un “Club Sándwich” con patatitas. Nos hemos bebido dos cervezas bien frías para acompañar la cena y celebrar nuestra llegada.

Nos hemos echado a las doce o así y nos hemos dormido en seguida, aunque realmente no habíamos hecho nada especial durante el día, ¡estábamos agotados! 

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Las mejores fotos del viaje están en mis Stories Destacados de Instagram, en este caso en el dedicado a Singapur. 

Continúa en “Diarios de Bali”.

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