Diarios de Malasia

Illustration of a red pig to commemorate Chinese New Year.Kuala Lumpur.

Llegamos a KL al anochecer. La ciudad nos recibió con sus habituales altas temperaturas, humedad, y una boina de aire blanquecino de contaminación. Las calles no están hechas para pasear, la ciudad está pensada para moverse en coche, preferiblemente con el aire acondicionado a tope. Así que, ese primer día, nos decidimos a explorar la zona cercana, la más comercial, donde nos acercamos en Grab. Al calor hubo que sumarle la cantidad de gente y la dificultad para moverse. Pero conseguimos cenar (deliciosa comida japonesa) y empezar a formarnos una idea de la ciudad.

En la zona más céntrica se suceden rascacielos, como las famosas torres Petronas, centros comerciales, como el popular Pavilion, y edificios de oficinas. Algunos de estos modernos edificios están conectados por pasarelas cerradas y con aire acondicionado.

Al atardecer, en los bajos de las torres Petronas, hay un espectáculo de agua, luces y música en una fuente, que se ve abruptamente terminado por la llamada a la oración que retumba por toda la ciudad.

Ésta se repite varias veces al día, mi “menos favorita” es la que empieza a las seis de la mañana, y luego continua con rezos durante casi una hora. Y es que Malasia es un país mayoritariamente musulmán, con otros grupos étnicos como los chinos e indios. El lenguaje común entre ellos es el inglés. Religiones y modos de vida conviven, aparentemente, sin mezclarse mucho. Jóvenes escondidas dentro de burkas negros, comparten su espacio con pizpiretas adolescentes en minifalda.

Esta ciudad tiene todo lo que una gran ciudad puede ofrecer, grandes marcas de ropa, cócteles en rascacielos con vistas a toda la ciudad, actividades de todo tipo, restaurantes internacionales… Pero mezclado con las tradiciones locales y con la esencia de cada cultura. Esto se puede ver claramente tanto en cualquier mercado de puestos de comida, como en los food courts de centros comerciales, ya que siempre vas a encontrar comida auténtica de India, China, Malasia… Y se hace todavía más evidente en el hecho de que tanto China como India tienen sus propios barrios: Little India y China Town.

Mi parte favorita de la ciudad es el moderno Parque Botánico de Perdana. Un oasis de vegetación y lagos, con agradables paseos. Personas haciendo deporte se mezclan con familias disfrutando de un rato juntas. Hay un pequeño jardín con hierbas y especias (mi zona preferida) y también se encuentra aquí el museo del cómic. A lo largo del parque hay plantas y árboles que eran totalmente nuevos para mi, y enormes lagartos (¿de Komodo?) paseándose como Pedro por su casa entre los caminos y los arroyos.

En KL hay varias zonas de restauración y copeteo, normalmente localizadas en edificios bajos. Son zonas con gran confluencia de expats, restaurantes internacionales y turistas en busca de una buena juerga.

Como esto no es una guía de viaje, no voy a recomendar lugares destacados, éstos se pueden encontrar en cualquier guía de verdad. Pero sí me gustaría escribir sobre algunos de los lugares que me han gustado, que me han resultado curiosos o en los que pasé un buen rato.

Una tarde fuimos al cine en el centro comercial Pavilion. Elegimos una sala de lujo, con butacas reclinables, mantas y camarero que te traían los snacks. La experiencia fue genial, muy cómoda y divertida. Pero si eres de dormirte en las películas, no te lo recomiendo, ¡se está demasiado a gusto!

Otro día fuimos en busca de algún Speak Easy (bar oculto) en la zona de China Town. Encontramos uno con cócteles muy elaborados y peculiares llamado PS150. Si no me equivoco, el edificio de madera, lleno de recovecos, era antaño un fumadero de opio. Allí conocimos a un grupo de expats de diferentes partes del mundo, que no dudaron en presentarse y entablar conversación con nosotros. Pasamos un rato muy divertido.

Después de despedirnos, encontramos otro Speak Easy llamado de Attic Bar, situado al final de una sinuosa escalera de caracol escondida en un hostel. Sorprendentemente moderno, con deliciosos cócteles y gestionado y atendido en su mayoría por Europeos.

Uno de los mayores placeres en KL es subir a un sky bar y disfrutar de la vista de toda la ciudad. En Marinis 57, situado en frente de las torres Petronas, se disfruta de la vista de las mismas al ritmo de la música de moda y de bebidas de todo tipo. Es especialmente espectacular de noche, con la ciudad iluminada y la fauna nocturna revoloteando alrededor de las brillantes luces de los rascacielos.

Durante la semana que duran las celebraciones de año nuevo chino (este año da comienzo el año del cerdo), se suceden celebraciones de todo tipo, las ciudades se colapsan, suenan petardos continuamente y se lanzan fuegos artificiales desde cualquier rincón.

La noche de año nuevo chino, no reunimos con el grupo de gente que conocimos en China Town, y pasamos una noche memorable con ellos y otros de sus amigos. Charlando al principio y bailando después, para terminar la noche (o empezar el día), en una famosa calle de comidas, probando muchos platos de comida local. Nunca olvidaré a Toni y Molly bailando al amanecer, como el una película antigua, en medio de la calle, deteniendo el tráfico con sus piruetas y arrancando una sonrisa a todos los que les mirábamos.

Tampoco olvidaré a la dulce Ethel, que es una de las mujeres más hermosas que he conocido, por dentro y por fuera, y que tuvo la mala suerte de nacer con el género equivocado, pero con la fuerza y el valor de sobreponerse y llevar una vida plena.

Durante nuestra estancia en KL cambiamos tres veces de alojamiento. Estuvimos una semana en un apartamento, otra en otro, y terminamos con dos noches de hotel. (El año nuevo chino triplica los precios de los alojamientos, y ésto nos obligó a dejar nuestro segundo apartamento, y a adelantar nuestro planes de continuar el viaje)

El primer apartamento y el segundo se encontraban en enormes edificios en la misma manzana. Pero la experiencia en uno y otro fue totalmente diferente. El primero, llevaba siendo alquilado más tiempo, y tanto el mantenimiento como la limpieza dejaban que desear. El segundo apartamento era prácticamente nuevo, la limpieza era correcta y estaba decorado y distribuido con gusto. El segundo apartamento era más barato, por cierto. Conversando con algún otro viajero, nos dio la sensación de que esto es algo habitual. Las agencias de alquileres de apartamentos contratan servicios de limpieza que hacen las cosas por encima, y no se ocupan de revisar las instalaciones, y las cosas se van deteriorando. Como consejo, cuanto más nuevo a la hora de alquilar, mejor.

Ambos apartamentos estaban situados en torres con servicios como piscina, gimnasio, salas de reuniones, y otras instalaciones. He de reconocer que tener el gimnasio en el mismo edifico motiva mucho, y que tras un día trabajando, hacer ejercicio y luego darte un baño en la piscina, es un lujo.

Desde Kuala Lumpur hicimos dos excursiones de día.

La primera a Batu Caves, un templo Hindú localizado en el interior de una cueva, al final de unas largas escaleras que suben por ladera de una montaña. A este templo se puede ir en tren o en Grab (taxi, etc). Lo pillamos cerca de alguna fecha señalada, porque estaba a rebosar. En la parte de abajo hay muchos puestos de comida, artesanía y ropas indias. Tuvimos la precaución de llevar ropa apropiada para acceder sin problemas (pantalón largo, hombros cubiertos). En la entrada hay un monumental dios dorado, tras el cual se accede a las irregulares escaleras de colores. El ascenso se hace costoso debido al calor, a un olor pestilente y a la abundancia de monos que suben y bajan por todas partes.

La cueva se divide en dos, una cámara con una bóveda natural enorme, y otra un poco más arriba a cielo abierto. Los monos campan a sus anchar sustrayendo gafas de sol y snacks de las manos de la gente. Hay pollos revoloteando por todas partes, niños con el pelo cubierto de un extraño barro amarillo. El olor se hace más penetrante, si cabe, y el hecho de que haya gente descalza, profesando su religión ente cacas de gallinas y basuras resulta muy chocante. ¿Merece la pena la excursión? Eso depende de cada uno, yo no me arrepiento de haber ido, es un sitio muy pintoresco, pero las experiencias tienen matices.

La segunda excursión de un día que realizamos fue a Malacca. Una ciudad portuaria, de estilo colonial, declarada patrimonio de la Humanidad en 2008 junto a Georgetown (Penang, Malasia). Se puede pasear entre los puntos de interés, lo cual es agradable después de las saturadas calles de KL. Hay fuerte portugués, un pequeñísimo barrio holandés, un par de calles con casas de estilo colonial y tiendas de baratijas en los bajos, el puerto, y algún museo. Es interesante imaginar cómo se vivió durante la época colonial, tomando un café en alguna de sus bonitas cafeterías.

Como curiosidad, para desplazarte puedes alquilar una especie de carruaje con un chófer en bicicleta, decorado con peluches, telas de colores y música a tope, cada uno de una temática diferente, desde Pokémon, Frozen, Spiderman… Muy loco.

Nos comentaron que muchos singapureños, adquieren propiedades en Malacca como casas de fin de semana, debido a que sus precios son muy económicos para ellos y a que se encuentra a menos de dos horas de la ciudad. Parece ser que las renuevan o reconstruyen, pero no siguen los parámetros de las antiguas edificaciones, y esto está haciendo que se pierda su carácter único.

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Hemos pasado dos semanas muy buenas en Kuala Lumpur. La ciudad tiene mucho que ofrecer a precios muy buenos para nosotros, y el hecho de haber conocido gente encantadora y divertida ha hecho aún más especial la estancia. Muchos de los locales son también simpáticos y amistosos. Y ver a tres culturas tan diferentes convivir ha sido todo un ejemplo. Seguro que hay matices que desconocemos, y problemas, pero no hemos profundizado más que de lo que se aprecia en general.

Me gustaría volver, aunque sólo sea para invitar a nuestros nuevos amigos a una ronda y pasar una noche de risas de nuevo con ellos.

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Illustration of a red pig to commemorate Chinese New Year.George Town (Penang)

George Town es una ciudad declarada patrimonio de la Unesco en 2008 conjuntamente con Malaca. Si una de estas dos ciudades pierden este estatus, la otra lo hace también, por cierto.

George Town es una bonita ciudad colonial, la zona más antigua tiene calles de casitas bajas, algunas reconvertidas en hoteles boutique, restaurantes y tiendas. Se puede pasear, lo cual, de nuevo, es agradable, especialmente por la tarde, cuando bajan las temperaturas.

Precisamente nosotros, nos hemos alojado en un pintoresco hotel boutique en una casa restaurada muy céntrica. El dueño, de carácter alegre y muy conversador, nos ha hecho algunas recomendaciones para hacer nuestra estancia más divertida y agradable.

Georgetown se ha hecho muy popular gracias al arte callejero. Un artista lituano empezó a realizar pinturas murales con escenas de la vida local, ahora tan populares que se utilizan en merchandising de la ciudad. Además, el ayuntamiento contrató artistas locales para que realizaran escenas cómicas sobre la vida de la ciudad, realizadas en hierro forjado y repartidas por todo el casco antiguo. Turistas hacen fila delante de las más populares para hacerse una foto.

En la zona del puerto se establecieron hace mucho varias familias chinas de gentes del mar, llamados clanes Jettis. Sus viejas casas de madera se sitúan a lo largo de diversos malecones que se introducen el el mar. Actualmente, éstas casas de madera, se alternan entre vivienda y tiendas de baratijas y souvenirs. Aunque es interesante pensar cómo tuvo que ser la vida aquí.

Una de mis visitas favoritas fue a la Mansión Azul. Se trata de una enorme casa de madera teñida de color añil que perteneció a un famoso empresario y benefactor chino de principios del siglo pasado.

Su historia es realmente interesante. Este hombre, que procedía de un clan sin tierra propia llamado “los invitados”, se labró su futuro a base de mucho trabajo y ambición. Llego a ser una figura muy popular a nivel mundial en la época, le llamaban el Rockefeller chino. Estableció casas similares a ésta en otros puntos de Sureste Asiático, donde, según tengo entendido, dejó hasta ocho mujeres y un número desconocido de hijos. Fue la esposa número siete, la que habitaba en esta casa, su favorita, a la única a la que, junto a seis de sus hijos, les dejó algo en su herencia.

Una de las condiciones de la herencia era que, hasta que su último hijo no falleciera, la casa no podía venderse fuera de la familia. Tuvo su último hijo con 74 años, el muy bribón.

Esta hermosa mansión, decorada con innumerables obras de arte, madera tallada exquisitamente y coloridas esculturas, pasó a manos de la viuda de su último hijo. La cual, al no poder hacer frente a los gastos que la mansión generaba, empezó a alquilarla por trozos a grupos de inmigrantes, convirtiéndola en un improvisado albergue con cubículos de madera, gente cocinando en hornillos en cualquier rincón, y tendederos con ropa chorreánte colgando de las antaño exquisitas piezas de madera.

En los años noventa, un grupo de inversores de origen chino, se hicieron con la casa, y desde entonces se han dedicado en cuerpo y alma a su restauración, no desprovista de algún que otro altercado. Actualmente financian la casa con visitas guiadas, un hotel y un restaurante.

Las visitas las lleva a cabo una de las personas involucradas en la recuperación de este hermoso edificio. Durante la visita, esta menuda mujer, detalla con pasión cómo la casa se diseñó siguiendo las normas del Feng Shui, cómo hay un punto energético en el centro de la casa que atrae a los visitantes, y algo tristemente, cómo la figura de Cheong Fatt Tze has sido descuidada y olvidada en la historia del país, pese a la cantidad de obras benéficas que realizó, especialmente en Penang, la región en la que nos encontramos.

Después de oír historias asombrosas acerca del punto energético, situado en un patio abierto que separa la casa en dos mitades gemelas, me situé allí durante unos segundos, pero honestamente, no sentí nada especial en ese momento.

Otra de las visitas que más disfruté fue a un pequeño cementerio protestante situado cerca de la casa azul. Fuimos al atardecer, huyendo del calor, y nos encontramos un pequeño remanso de paz, perfecto para una novela gótica. Aquí se encuentran algunas de las tumbas de personajes célebres durante la época colonial. La mayor parte de los que aquí se hayan enterrados no vivieron más de 30 años. Ver las tumbas y panteones, bañados por la luz del atardecer, me llevó a pensar qué llevaría a estos europeos a dejar su tierra, y venir al otro lado del mundo, ¿cómo sería aquí la vida? Y es que Penang fue un importante puerto, de entrada y salida de bienes de Asia, convirtiéndose en una próspera colonia, que lamentablemente, terminó siendo uno de los mayores productores de opio, y por ende, una zona muy peligrosa. La mayor parte de los extranjeros, huyeron antes de que Japón se hiciera con el control de la zona durante la Segunda Guerra Mundial. Y según tengo entendido, se convirtió después en una importante zona de producción tecnológica, denominándose incluso el Silicon Valley de Asia.

Illustration of a girl sitting on a stool in front of a window, she is drawing. It is located in Georgetown, Malaysia.

Dibujando en una cafetería en una tarde de lluvia tropical.

 

Después de pasear unos días por las atestadas calles de Georgetown, hemos volado a la cercana isla de Langkawi, para hacer una noche antes de dirigirnos a Koh Lipe, isla perteneciente a Tailandia.

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Illustration of a red pig to commemorate Chinese New Year.Langkawi

En esta isla, en la que hemos estado de paso, hemos descubierto playas de arenas blanquísima, con gente disfrutando de parapente de playa y motos acuáticas.

Tuvimos la suerte de encontrar un restaurante de playa, con música en directo, cervezas frías y una puesta de sol inolvidable. Estamos seguros de que esta isla tiene mucho que ofrecer.

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Illustration of a red pig to commemorate Chinese New Year.Koh Lipe (Tailandia)

La única manera de acceder a este diminuto paraíso tropical es en barco. Además, la isla no tiene puerto, por lo que desde el speedboat que cogimos en Langkawi, tuvimos que bajar a unas barcazas de madera que te acercan hasta la playa. Como veníamos de Malasia, tuvimos que pasar por la aduana “playera” más lenta, loca y desorganizada que puedas imaginar, y pasar después por el mostrador en el que realizas en pago de entrada al parque natural, supuestamente destinado a su conservación.

Un empleado del hotel nos vino a recoger con una pequeña moto a la que llevaba amarrado una suerte de sidecar metálico casero, y que parece ser el medio de transporte habitual en esta isla sin coches. (¡Aunque tengo que decir que vimos uno!)

En nuestro hotel, bastante modesto para su elevado precio por noche, tuvimos la suerte de disponer de agua caliente y aire acondicionado.

Koh Lipe es una pequeña isla situada en el mar de Andamán. Se puede recorrer en una hora y está bordeada por impresionantes playas, como la playa del amanecer y la playa del atardecer. El gobierno de Tailandia se la cedió a un pueblo de gitanos del mar con la condición de que se hicieran ciudadanos tailandeses, otorgándoles a todos el mismo apellido, pasando así la isla a su control. Son ellos los que se encargan hoy de llevar y traer a los turistas en sus barcazas y de llevarlos a las islas cercanas en excursiones.

Aquí hemos disfrutado de la cocina local, de largos paseos por la playa, de baños en sus aguas turquesas. El atardecer trae consigo la brisa marina, y por la noche se pueden ver cada una de las estrellas.

La isla está recibiendo un número creciente de turistas, y empieza a llenarse también de basura y de un número mayor de vehículos inundando sus caminos y dificultando el tránsito. Aunque la calle principal de las dos que hay, Walking Street, es exclusivamente peatonal a partir de las seis de la tarde. La isla que hoy es un pequeño refugio paradisíaco, puede ser mañana otra isla masificada y llena de basuras. Espero que sepan parar a tiempo y organizarse para evitarlo.

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Illustration of a red pig to commemorate Chinese New Year.Langkawi de nuevo

De nuevo hacemos una pequeña escala de una noche para coger un vuelo al día siguiente. Es la segunda vez que pasamos por esta isla, y sentimos que nos quedamos con ganas de más.

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Illustration of a red pig to commemorate Chinese New Year.Sabah, Borneo (estado malasio)

Tras dos vuelos y una escala en KL de unas horas, aterrizamos en Kota Kinabalu o KK como la llaman los jóvenes autóctonos. La pequeña capital del estado de Sabah nos sorprende con su modesta modernidad. Esta zona rodeada de rica naturaleza nos ofrece la posibilidad de visitar el Monte Kota Kinabalu, que es la montaña más alta de Malasia con sus 4,095 metros, y su parque natural protegido patrimonio de la humanidad. Además está rodeado de islas tropicales muy famosas por su biodiversidad marina.

El segundo día lo dedicamos a explorar el parque natural con un grupo organizado. Visitamos el jardín botánico, con una enorme variedad de plantas autóctonas, endémicas (exclusivas del parque natural), medicinales y cantidad de orquídeas salvajes. También nos llevan a mercadillos de artesanía y souvenirs. Y a un mirador con impresionantes vistas de los valles inferiores. Después de comer vamos a un parque con unas pasarelas colgadas en los árboles, es divertido y emocionante. Se puede oír la selva y la vista es espectacular.

En la misma zona hay unos baños de aguas termales, que se toman llenando unas pequeñas piscinas al aire libre. Parece un popular entretenimiento local y están a rebosar de familias pasando la tarde.

Tras terminar la visita volvemos a KK en un autobús traqueteante, por carreteras llenas de baches y agujeros y un conductor muy agresivo.

Kota Kinabalu tiene algunos mercados de souvenirs y alimentación, y un famoso mercado de comidas nocturno. Tiene algunos otros atractivos como una torre que sobrevivió al bombardeo aliado y posterior quema por parte de los japoneses de la ciudad, una zona con arte callejero, y un puerto. La última tarde aprovechamos para ir al cine, vemos Alita. 

Los dos días siguientes los pasamos en Sepilok, una zona popular por sus santuarios de animales. Esta zona, al sur este de la anterior, es accesible mediante un autobús que tarda unas seis horas o en un vuelo de una media hora. Optamos por lo segundo. Desde el aeropuerto nos dirigimos directamente a nuestro resort. Se encuentra muy próximo a los dos santuarios más populares y al centro de interpretación. 

El complejo donde nos alojamos se encuentra en medio de la selva, tiene un gran lago de agua parda en torno al cual se sitúan el edifico principal y algunos de los bungalows de madera. 

El primer día visitamos el centro de conservación de los osos malayos o sun bears, la variedad de oso más pequeña del mundo. Estos osos están en peligro debido a tres factores, el primero es que su ecosistema está amenazado por las plantaciones de palma, el segundo, que se trafica con ellos como animales de compañía debido a su pequeño tamaño, y el tercero, que se cazan y se trafica con partes de su cuerpo, muy preciadas en la medicina china.

La visita es una gozada, puedes pasear por unas pasarelas y ver a los pequeños osos jugando o comiendo. Hay carteles informativos sobre ellos y sobre la labor del centro. Además de mediante las visitas, se financia mediante donativos, e incluso puedes apadrinar un oso hasta que esté listo para ser liberado.

Después de comer algo en el hotel, visitamos el centro de rehabilitación de orangutanes. Amenazados también por una drástica reducción en su ecosistema, en este centro se encargan de rehabilitarlos para reintegrarlos en la naturaleza. Los orangutanes me han sorprendido por su carácter juguetón y por sus gestos tan humanos. Estos primates pelirrojos me han robado el corazón. El centro es similar al anterior, con pasarelas en la jungla donde los puedes ver en libertad, y con un par de plataformas donde se les puede ver desde más cerca a las horas en las que los alimentan. Ver cómo jugaban con la comida los pequeños orangutanes de la “guardería” ha sido toda una experiencia.

Los trabajadores y voluntarios de ambos centros son muy amables, y se les nota pasión en su labor. Muchas veces se detienen a charlar con nosotros y contestar nuestras preguntas.

Nuestro resort ofrece excursiones, y nos hemos animado a dar un paseo por la jungla de noche. Hemos paseado durante una hora por las inmediaciones del complejo con dos guías. Antes de empezar la ruta, hemos recibido algunas recomendaciones, además de unas botas de agua altas para evitar quedarnos atrapados en el barro. Me ha gustado descubrir animales nocturnos con la linterna, hemos visto pequeños pájaros de colores durmiendo debajo de hojas, insectos de todo tipo, algunos como bichos bola o bichos palo, e incluso ciempiés venenosos, arañas y un escorpión. Lo mejor ha sido ver una ardilla voladora lanzándose entre árbol y árbol. Al terminar el recorrido hemos tenido que comprobar si llevábamos alguna pequeña sanguijuela, estos denominados “vampiros de la selva” se esconden debajo de las hojas y cuando notan calor se dejan caer sobre los animales y se enganchan. Por suerte ni Edu ni yo llevábamos ninguna, pero otros dos compañeros no han tenido tanta suerte, y llevaban una cada uno enganchada al cuello. ¡Puag!

Tras un día agotador, sólo nos quedaban ganas de cenar algo acompañado por una cerveza fría y descansar.

Al día siguiente visitamos el santuario de los monos proboscis o monos narigudos. Está a 20 kilómetros de donde nos alojamos, nos acercamos en Grab. Una vez en la entrada descubrimos que las plataformas de observación están a unos 4 kilómetros, por lo que nos acerca nuestro conductor. Cuesta el doble que los otros santuarios, y nos sorprende que las instalaciones están bastante descuidadas, los trabajadores apenas nos hacen caso, y la comida que ofrecen a los monos para atraerlos, es muy diferente de la fruta y vegetales frescos que hemos visto con anterioridad. Justo antes de la hora de alimentarlos, aparece un enorme grupo de turistas recién llegados de un crucero.

Hacemos un poco de investigación y descubrimos que se trata de un “santuario” privado, y que pertenece a la misma plantación que está destruyendo el habitat de estos curiosos monos narigudos. Esta experiencia es un poco agridulce, ya que hemos tenido la oportunidad de ver una especie muy peculiar, pero no nos han gustado las condiciones.

Estos dos días los voy a recordar siempre, ha sido muy especial estar en medio de una zona tan hermosa, escuchar los sonidos de la selva por la noche, ver tantos animales y plantas nuevos, y descansar en nuestro bonito y cómodo bungalow.


Malasia ha resultado ser un país sorprendente, con muchas cosas que hacer y lugares que visitar, en el que hemos pasado grandes momentos y que tiene mucho que ofrecer.

Me ha dado mucha pena dejarlo, y como he escrito anteriormente, ¡estoy deseando volver a Kuala Lumpur!

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